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Niños con almas fracturadas

Entró una dama en la que era mi oficina en Venezuela a mediados del año 2012, con un niño tomado de la mano, el ceño fruncido del pequeño, dejaba claro su malestar por la visita casi obligada que me estaba haciendo; yo le sonreí y le salude,  – que tal campeón, cuál es tu nombre –, a lo cual respondió con un mutismo que suele ser normal en estos casos.

Antes de continuar, quiero aclarar que no me gusta mencionar nombres por respeto y  resguardo de la identidad de los protagonistas del hecho. De por sí, me es grato tener la licencia para relatar esta historia, sólo con fines pedagógicos e informativos, gracias a la autorización previa de los involucrados en el caso.

Una vez presentados, le pedí a la madre que esperara afuera. Antes de ella salir me consultó – ¿No me va preguntar nada para que sepa por qué lo traje? -, Mi respuesta: – no gracias, por ahora quiero la visión de él -. El niño contaba con 7 años recién cumplidos. Les cuento que la mayoría de los padres que me han solicitado asistencia u orientación, suelen tener o creer tener, la idea de que todos los problemas de conducta que manifiesta un niño se deben a un problema, trastorno o patología generada por el menor o por un factor externo, Muchos padres y madres suelen asumir que no tienen ninguna responsabilidad en el comportamiento inusual y repentino que sus hij@s manifiestán.

Si bien es cierto que existen situaciones de raíz orgánica o cognitiva, hoy día, en la mayoría de los casos se establece que muchos de estos problemas parten de una situación emocional mal manejada. Los niños al no saber expresar como se siente, arman berrinches, malcriadeces, pataletas o  se vuelven tímidos, excesivamente callados,  preocupantemente aislados o reflejan  cualquier otra conducta que resulte ser desagradable o incomoda para sus progenitores, representantes o cuidadores; estos comportamientos brotan con la intención de llamar la atención y decirles de forma silente o confusa, que hay cosas que no están bien en su entorno o en la familia, una lógica subestimada por los mayores que le rodean, pero aunque tienen una corta edad, debemos recordar que estos críos tienen la capacidad de construir silogismos como por ejemplo: “yo soy el niño ustedes los adultos, yo no puedo resolver, ustedes sí”.

Pues bien, invité al niño a sentarse, su ceño fruncido había desaparecido, ocurrió justo cuando su mamá salió de la habitación, por supuesto ya eso era un indicador relevante que me comenzó a dar indicios de la situación familiar. Además, notar que su hombro derecho estaba a una altura más baja que el izquierdo, su mano izquierda empuñada constantemente y la colocación de sus parpados que parecían acomodarse para poder enfocar su vista a las cosas que tenía cerca, todo esto ya me arrojaba información suficiente para saber, qué podía estar pasando, sin embargo decidí ahondar más y corroborar mi hipótesis, si bien es cierto que el lenguaje corporal te dice mucho o quizás todo y mi intuición me insistía en que lo que yo pensaba y sentía era así, tenía que hacer algo que luego me sirviera como recurso para que la madre entendiera la raíz del problema.

Sin hablar, le di al niño una hoja de papel, un lápiz y una caja de colores. El niño me ve y me pregunta ¿tengo que dibujar? Le dije “sólo si tú quieres”. “¿Y qué le gustaría que dibuje?” me replicó, quede en silencio un rato y él esperó paciente. “que tal si dibujas a tu familia, a papá a mamá y cualquier otra persona importante para ti”. Sin decirme nada tomó el lápiz y comenzó a dibujar.

Al terminar me dijo “esto es mi familia”. A pesar de lo bueno que mi esposa y amigos dicen que soy con los niños y los adolescentes, no es mi población favorita a la hora de orientar y asesorar, no porque no me guste compartir con ellos, me encanta y sé que logro conectar rápido, es más por un tema en el que, ver lo que sufren esos pequeños me pone muy sensible. Sin embargo los padres insisten, piensan que como hago un buen trabajo con adultos, puedo hacer lo mismo con niños. En tal sentido sólo suelo atenderlos una vez, máximo dos,  para hacer una mirada sistémica o para escuchar sus necesidades, descubrir como ellos evalúan su mundo y su entorno, descifrar sus mensajes de alegría o desilusión con la realidad que le está tocando vivir y luego decirle a sus adultos cercanos que reordenen las cosas, o en otras palabras, recordarles que deben asumir mejor sus roles y cómo pueden hacerlo.

El niño al terminar su dibujo, dejó claro y validó mi hipótesis inicial, cuando observe las señales de su lenguaje corporal, su tono y tensión muscular, así como sus reacciones ante quienes estábamos con él. Le di las gracias y le preste una caja de juguetes para distraerse, mientras conversaba con su mamá.

La mamá al entrar le dio instrucciones de cómo comportarse mientras esperaba, y oh sorpresa, al niño se le desapareció la serenidad que tenía y nuevamente frunció el ceño. – “¿usted vio eso verdad?” – me dijo la madre con un tono de molestia. Le respondí – “sí, lo veo, es un niño, su hijo y si no le viera, alguno de los dos estaría loco, por ver o no ver cosas” -. Ella se quedó como confundida con mi respuesta, pero entendió y reaccionó de inmediato, – “Me refiero a la actitud de mi hijo, siempre me pone mala cara, ya no sé qué hacer con él, todo es un problema, ya ni sé qué quiere, le doy todo y no sirve de nada” -.

A penas terminó su monólogo, le dije lo siguiente: “Su hijo tiene el alma fracturada, tiene el amor dividido y se encuentra en una encrucijada de dudas y molestias consigo mismo, porque se le han perdido o derrumbado sus referentes parentales. Además, el niño le cuesta ver las cosas de cerca y se debe a que no quiere ver lo que está pasando a su alrededor. Pero no tiene un problema de visión, el ve bien, sus ojos están bien, son las distintas situaciones que vive, lo que le produce esa dificultad, es como una presbicia temprana pero somatizada”.

La mujer me interrumpe y me dice: – “¿Cómo se dio cuenta de todo eso, sin saber su historial clínico? Efectivamente, yo lo lleve al oftalmólogo porque en la escuela había ocasiones que la maestra me decía que habían días, que el niño decía que no veía las cosas de cerca, pero el oculista me informó que todo estaba bien” -.

Mi explicación ante su duda, incluso llena de sorpresa por mi aparente  acto adivinatorio, que no era otra cosa que una evaluación del lenguaje corporal, fue: – “el niño está pasando por una situación que ve como algo desagradable, él no quiere ver ni escuchar lo que pasa a su alrededor, si usted de verdad lo quiere ayudar, deje de maldecir, ofender y despotricar en frente del niño, lo aparentemente malo que es su padre. Por lo que logro ver y entender, su pareja la dejó, se fue, los abandonó, no soportó estar más en una relación con usted, el padre del niño no se sentía cómodo ni capaz de llevar la responsabilidad de ser jefe de familia y sentar cabeza, toda la relación de pareja  surgió de la pasión y cuando se encontraron con la realidad, de lo que acarrea ser familia, se asustó, empezaron los problemas, las peleas y decidió irse. Su abandono provocó mucha rabia en usted, a tal punto de odiarlo, llenarla de rencor y resentimiento, algo razonable pues los dejo casi a la deriva. ahora, a pesar que hoy día, él cumple con las responsabilidades que tiene con el niño al ser su padre,  para usted no es suficiente, porque piensa que si lo está haciendo en la distancia, lo podía hacer estando juntos”.

La mujer tenía un rostro épico al yo darle mis impresiones, le había resumido su historia reciente, sin que ella me contara nada, eso fue lo que me comentó al reponerse. Por supuesto ante todo eso vino la pregunta de rigor – “¿Cómo supo usted todo eso?” -, le dije que eso era lo que menos importaba, sólo son años de estudio,  experiencia, capacidad de observación y que nada tenía que ver con esoterismo, brujería o esas cosas.

Le dije – “Lo importante es lo que hay que hacer ahora, el niño tiene el alma fracturada, porque siente que sus dos mitades o por lo menos una de ellas no sirve; le explico de la forma más ilustrativa posible, nosotros venimos de dos células extraordinarias, un espermatozoide y un ovulo, cada uno con una carga energética que involucra una herencia descomunal de información de todas las generaciones que nos anteceden, o sea, el niño lleva una parte de usted, una parte de su padre y por supuesto de todos sus ancestros, cada vez que usted maltrata, ofende y denigra al padre de su hijo, el niño de manera consciente o inconsciente procesa en su cerebro que una parte de él no sirve y por supuesto reacciona ante eso. Él piensa de forma lógica y racional que si su papá no sirve, él tampoco o por lo menos una de sus mitades. A esto se le suma el hecho de que él ve que su padre es responsable, lo trata bien, lo quiere y eso lo confunde aún más, además que no entiende que sus padres estén como estén, la guinda de todo esto, es que a usted la vea como una mujer mala en ciertos momentos”

¿La solución?, le dije a la madre – “Su malestar es con el papá del niño, no meta al niño en eso. Hable con su hijo y dígale que su padre no es un mal hombre, dígale que es una excelente persona, que lamentablemente usted y él se equivocaron en algunas cosas, que los problemas de adultos los resolverán ustedes como adultos y él solo es el hijo que está para recibir el amor de ambos.

La mujer me replicó, “pero es que ese tipo es un perro”, yo le dije que seguramente si lo sea, pero par el niño no es así ni es problema del niño, el niño nada  tiene que ver con el cómo se manejaron las cosas en su relación. Entonces le pregunté: ¿usted quiere que su hijo este bien o hacer que el supuesto perro de su ex cambie? La respuesta fue la de toda una madre “ayudar a mi hijo”

Como a mí me gusta que las cosas se arreglen rápido y no dejar mucha tarea para la casa, llamé al niño y le dije a la madre “vas hablar con tu hijo sobre su padre aquí y ahora”. Pues bien, Lo que ella le contó al niño fue más de lo que yo esperaba, cuando ella terminó, el niño manteniendo el silencio que tuvo mientras la mamá hablaba, se levantó de la silla, la abrazo y le dijo “gracias mami te amo”.

Yo le dije a la mujer, mantén las cosas así y veras los cambios muy rápido. Al mes siguiente, la mujer vuelve a mi oficina, esta vez lo hace sola. Me contó que su hijo era otro, que ahora era más alegre, atento, servicial, educado, prestaba más atención y ya no tenía dificultades con la visión. Sorprendida me preguntó “¿qué hizo?” Le respondí “yo solo los ayude a que vieras ciertas cosas y entender algo que ustedes no percibían, el resto lo hicieron ustedes” y finalice diciéndole, los niños hasta los 11 o 12 años, lo que manifiesta es generalmente es un proyección de los problemas o desequilibrios que tiene el entorno, son pocos los padres que asumen su error y lo corrigen, por eso te doy gracias por ayudar a tu hijo a sanar su alma fracturada”. Una cosa importante tu ex pareja también debe asumir responsabilidades, lo que pasó no es algo con lo que te debas culpabilizar, él fue irresponsable afectivamente, tu no haz hecho nada malo, al contrario es admirable el querer avanzar y evolucionar.

Gracias por leerme, les deseo miles de bendiciones

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