Niños con almas fracturadas

Niños con almas fracturadas

Entró una dama a lo que era mi oficina en Venezuela hace algunos años, la mujer llegó con un niño tomado de la mano, el ceño fruncido del pequeño dejaba claro su malestar por la visita casi obligada que me estaba haciendo, yo le sonreí y le salude, “que tal campeón, cuál es tu nombre”, por su puesto el mutismo que mostró, en estos casos es natural.

Antes de continuar, quiero aclarar que no se mencionarán nombres para proteger la identidad de los protagonistas del hecho. Relato esta historia solo con fines pedagógicos e informativos y con autorización previa de los adultos involucrados en el caso.

Le pedí a la madre que esperara afuera. Antes de ella salir me consultó ¿No me va preguntar nada a mi primero de por qué lo traje? Mi respuesta fue, no gracias, por ahora quiero la visión de él. El infante contaba con 6 años recién cumplidos. Les cuento que la mayoría de los padres que me han solicitado asistencia u orientación, suelen tener la idea de que todos los problemas de conducta que manifiesta un niño se deben un defecto o patología generada por el mismo niño, los padres siempre asumen que no tienen ninguna responsabilidad.

Si bien es cierto que existen situaciones de raíz orgánica o cognitiva, hoy día en la mayoría de los casos se establece que muchos estos problemas parten de una situación emocional mal manejada. Los niños al no saber expresar como se siente, arman berrinches, malcriadeces, pataletas y cualquier conducta que pueda ser desagradable o molesta para sus progenitores, con la única intención de llamar la atención y decirles de forma silente o confusa, que hay cosas que no están bien en la familia, una lógica subestimada por los mayores que le rodean, estos críos construyen silogismos como por ejemplo: “yo soy el niño ustedes los adultos, yo no puedo resolver, ustedes sí”.

Pues bien, invité al niño a sentarse, su ceño fruncido había desaparecido, ocurrió justo cuando su mamá salió de la habitación, por supuesto ya eso era un indicador relevante que me comenzó a dar indicios de la situación familiar. Además, notar que su hombro derecho estaba a una altura más baja que el izquierdo, su mano izquierda empuñada constantemente y la colocación de sus parpados que parecían acomodarse para poder enfocar su vista a las cosas que tenía cerca, todo esto ya me arrojaba información suficiente para saber, qué podía estar pasando, sin embargo decidí ahondar más y corroborar mi hipótesis, si bien es cierto que el lenguaje corporal te dice mucho o quizás todo y mi intuición me insistía en que lo que yo pensaba y sentía era así, tenía que hacer algo que luego me sirviera como recurso para que la madre entendiera la raíz del problema.

Sin hablar, le di al niño una hoja de papel, un lápiz y una caja de colores. El niño me ve y me pregunta ¿tengo que dibujar? Le dije “solo si tú quieres”. “Y qué le gustaría que dibuje” me replicó, quede en silencio un rato y él esperó paciente. “dibuja a tu familia, a papá y a mamá junto a ti”. Sin decirme nada tomó el lápiz y comenzó a dibujar.

Al terminar me dijo “esto es mi familia”. No soy psicólogo infantil, no me gusta tratar niños porque ver lo que sufren esos pequeños me pone muy sensible. Sin embargo los padres insisten, piensan que como hago un buen trabajo con adultos, puedo hacer lo mismo con niños. Por ende solo los recibo una sola vez, máximo dos y para hacer una mirada sistémica o para escuchar sus necesidades, descubrir como ellos evalúan su mundo y su entorno, descifrar su mensaje de descontento con la realidad que le está tocando vivir y luego decirle a sus adultos cercanos que reordenen las cosas, o sea, recordarles que deben asumir sus roles.

El niño al terminar su dibujo, dejó claro y validó mi hipótesis creada con la evaluación inicial que hice al observar las señales de su memoria física y lenguaje corporal, su tono y tensión muscular, así como sus reacciones ante quienes estábamos con él. Le di las gracias y le pedí que esperara afuera, que tenía que hablar con su mamá.

La mamá al entrar le dio instrucciones de cómo comportarse mientras esperaba, y oh sorpresa, el niño se le desapareció la serenidad que tenía y nuevamente frunció el ceño. “¿usted vio eso verdad?” me dijo la madre con un tono de molestia. Le dije “sí, eso es un niño, su hijo y si no le viera, alguno de los dos estaría loco, por ver o no ver cosas”. Ella se quedó como confundida con mi respuesta, pero entendió y reaccionó de inmediato, “Me refiero a la actitud de mi hijo, siempre me pone mala cara, ya no sé qué hacer con él, todo es un problema, ya ni sé qué quiere, le doy todo y no sirve de nada”.

A penas terminó su monólogo de madre desesperada, le dije lo siguiente: “Su hijo tiene el alma fracturada, tiene el amor dividido y se encuentra en una encrucijada de dudas y molestias consigo mismo, porque se le han perdido o derrumbado sus referentes parentales. Además, el niño le cuesta ver las cosas de cerca y se debe a que no quiere ver lo que está pasando a su alrededor. Pero no tiene un problema de visión, el ve bien, sus ojos están bien, son las distintas situaciones que vive, lo que le produce esa dificultad, es como una presbicia temprana pero somatizada”.

La mujer me interrumpe y me dice: “¿Cómo se dio cuenta de todo eso, sin saber su historial clínico? Efectivamente, yo lo lleve al oftalmólogo porque en la escuela había ocasiones que la maestra me decía que habían días, que el niño decía que no veía las cosas de cerca, pero el oculista me informó que todo estaba bien”

Mi explicación ante su duda, incluso llena de sorpresa por mi aparente  acto adivinatorio, que no era otra cosa que una evaluación del lenguaje corporal, fue: “el niño está pasando por una situación que ve desagradable, él no quiere ver ni escuchar lo que pasa a su alrededor, si usted de verdad lo quiere ayudar, deje de maldecir, ofender y despotricar en frente del niño, lo aparentemente malo que es su padre. Por lo que logro ver y entender, su pareja la dejó, se fue, los abandonó, no soportó estar más en una relación con usted, el padre del niño no se sentía cómodo ni capaz de llevar la responsabilidad de ser jefe de familia y sentar cabeza, toda la relación de pareja  surgió de la pasión y cuando se encontraron con la realidad, de lo que acarrea ser familia, se asustó, empezaron los problemas, las peleas y decidió irse para no hacer todo peor. Su abandono provocó mucha rabia en usted, a tal punto de odiarlo, llenarla de rencor y resentimiento, los dejo casi a la deriva. A pesar de que cumple con las responsabilidades que tiene con el niño al ser su padre,  para usted no es suficiente, porque piensa que si lo está haciendo en la distancia, lo podía hacer estando juntos”.

La mujer tenía un rostro épico al yo darle mi diagnóstico, le había resumido su historia reciente, sin que ella me contara nada, eso fue lo que me comentó al reponerse. Por supuesto ante todo eso vino la pregunta de rigor “¿Cómo supo usted todo eso?”, le dije que años de estudio,  experiencia,  capacidad de observación y que nada tenía que ver con esoterismo, brujería o esas cosas.

Le dije “Lo importante es lo que hay que hacer ahora, el niño tiene el alma fracturada, porque siente que sus dos mitades o por lo menos una de ellas no sirve, le explico, nosotros venimos de dos células extraordinarias, un espermatozoide y un ovulo, cada uno con una carga energética que involucra una herencia descomunal de información de todas las generaciones que nos anteceden, o sea, el niño lleva una parte de usted, una parte de su padre y por supuesto de todos sus ancestros, cada vez que usted maltrata, ofende y denigra al padre de su hijo, el niño de manera consciente o inconsciente procesa en su cerebro que una parte de él no sirve y por supuesto reacciona ante eso. Él piensa de forma lógica y racional que si su papá no sirve, él tampoco o por lo menos una de sus mitades. A esto se le suma el hecho de que él ve que su padre es responsable, lo trata bien , lo quiere y eso lo confunde aún más, además que no entiende que sus padres estén como estén, la guinda de todo esto, es que a usted la vea como una mujer mala en ciertos momentos”

La solución es simple, le dije a la madre “Su problema es con el papá del niño, no meta al niño en eso. Hable con su hijo y dígale que su padre no es un mal hombre, dígale que es una excelente persona, que lamentablemente usted y él se equivocaron en algunas cosas, que los problemas de adultos los resolverán ustedes como adultos y él solo es el hijo que está para recibir el amor de ambos.

La mujer me replicó, “pero es que ese tipo es un perro”, yo le dije que quizás si lo sea, pero no es problema del niño, el niño nada  tiene que ver con el cómo se manejaron las cosas en la relación y le pregunté ¿usted quiere ayudar a su hijo o hacer que el supuesto perro cambie? La respuesta fue la de toda una madre “ayudar a mi hijo”

Como a mí me gusta que las cosas se arreglen rápido y no dejar mucha tarea para la casa, hice pasar al niño y le dije a la madre “vas hablar con el niño ahora de su padre”. Pues bien, Lo que ella le contó al niño fue más de lo que yo esperaba, cuando ella terminó, el niño manteniendo el silencio que tuvo mientras la mamá hablaba, se levantó de la silla, la abrazo y le dijo “gracias mami te amo”.

Yo le dije a la mujer, mantén las cosas así y veras los cambios muy rápido. Al mes siguiente, la mujer vuelve a mi oficina, esta vez lo hace sola. Me contó que su hijo era otro, que ahora era más alegre, atento, servicial, educado, prestaba más atención y ya no tenía dificultades con la visión. Sorprendida me preguntó “¿qué hizo?” Le respondí “yo solo los ayude a ver y entender algo que ustedes no percibían, el resto lo hicieron ustedes” y finalice diciéndole, los niños hasta los 11 o 12 años no tienen problemas, generalmente el problema somos nosotros los padres, son pocos los padres que asumen su error y lo corrigen, por eso te doy gracias por ayudar a tu hijo a sanar su alma fracturada” y así se concluyó la consulta.

Gracias por leerme, les deseo miles de bendiciones

Deja una respuesta